En estos días pudimos contemplar cómo desde los medios de comunicación, distintos dirigentes políticos e integrantes de los sectores medios de la sociedad argentina, han elogiado la por lo menos discutible y polémica decisión del vicepresidente Julio Cobos, de votar en contra de la política agraria, en materia de retenciones, que viene llevando adelante el gobierno del cual forma parte. Todos coinciden en exaltar dicha decisión como máxima exponencia de virtudes republicanas y cívicas, de pluralismo, libertad de criterio y democracia. Sin embargo, el voto por la negativa de Julio Cobos mal disimula implicancias institucionales de extrema gravedad y profunda falta de respeto a pueblo elector que hace menos de un año lo consagraba como vicepresidente de la Nación. En una sociedad donde la cultura dominante, como es lógico, ha logrado conquistar la mente y el corazón de gran parte de la sociedad civil, en especial de los sectores medios, la indecisión política y la duda son exaltadas como virtudes democráticas y la decisión y firmezas en dicha materia son vistas como rasgos autoritarios del sistema democrático. Algo similar ocurre con el concepto de lucha política, al cual se lo ha demonizado, lo que supone, junto a la tergiversación de la negociación política, (la cual si o si debería llevar a arreglos donde todos ganan como si esto fuera posible de realizar), la imposibilidad de plantear políticas de Estado que impliquen la más mínima redistribución de la riqueza. Si para la gran mayoría de los argentinos “no tiene nada de malo ser rico” y por otro lado las ganancias no se pueden “confiscar” (es lo que se acusa al gobierno de hacer con las retenciones), las políticas de redistribución quedan seriamente limitadas. Y así y todo se ataca al gobierno desde ciertos sectores “progresistas” por la falta de políticas de este tipo. En esta situación es obvio que la actitud del vicepresidente tiene que ser interpretada como heroica: “la sabia meditación democrática” venció por una vez al “autoritarismo de un gobierno caracterizado como cuasi tiránico” que pretende “robarle a las provincias y a los esforzados hombres de campo parte de su renta (para peor, dicha riqueza va a ser gastada en unos vagos de piel oscura que nunca hicieron nada por salir adelante”. La cuestión es que en octubre de 2007 una mayoría electoral eligió a la fórmula Fernández – Cobos para llevar adelante un plan de gobierno que no era sino, la continuación de los algo más de cuatro años de mandato de Néstor Kirchner. Ahora bien, tanto al gobierno de este último como al de la presidenta Cristina Fernández se los podrá encontrar varios, muchos o una infinidad de errores, de acuerdo a nuestra postura ideológica y política, sin embargo nadie puede acusar al matrimonio Fernández – Kirchner de traicionar los postulados electorales. Se hace, mal o bien, lo planeado, lo proyectado. Cuando Julio Cobos acepta la candidatura a la vicepresidencia sabía muy bien cuál iba a ser el rumbo de gobierno, (por ejemplo la política agraria a seguir ante la crisis mundial de los alimentos y la burbuja financiera montada alrededor de los comodities blandos (materias primas agro-ganaderas y alimentos). ¿Aceptó la plataforma de gobierno aunque no coincidía? ¿Cambió de parecer porque vio un error estratégico en dicha política? ¿Lo traicionó su ideología profunda? ¿Lo convencieron? ¿Lo compraron? En ningún caso la respuesta es lo más importante de este asunto. Lo realmente trascendental es que el 46% de los argentinos votaron un plan de gobierno que incluía ciertas políticas agrarias y de retenciones, y su voto por la negativa (en realidad no fue capaz de expresarlo así) traiciona esa decisión popular. Si apoyó un plan de gobierno, si se comprometió públicamente a sostener ciertas políticas públicas, no puede de buenas a primeras a borrar con el codo lo que escribió con la mano. Su actitud no puede ser caracterizada de otra manera más que como TRAICIÓN. Porque en el caso de que hubiera cambiado de parecer y hubiera pasado a considerar a las políticas del Estado como contraproducentes, la ética obligaba a tomar distancia del resto del gobierno, evitando dañarlo, ya que si él, Julio Cobos, dejó de sentirse representado por el programa gubernamental, no tiene derecho a sabotear al mismo por respeto a todo un electorado que en caso de haber cambiado de parecer lo demostrará en las urnas cuando llegue el momento. Increíblemente, los medios de comunicación, a través de los más variados actores políticos (Barrionuevo – Buzzi – Castells – Miguens – Ripoll – De Angelis – Macaluse – Llambrías – Menem – Lozano – Rodríguez Saa – Carrió – Macri – López Murphy - etc.), han exaltado lo que no fue más que una traición al electorado ¿Qué hubiera ocurrido si nuestra presidenta Cristina Fernández hubiese sido la que desconoció la plataforma política del Frente para la Victoria? Seguramente se la atacaría desde todos los ámbitos políticos y no políticos acusándola de haber faltado al pueblo que confió en ella al momento de emitir su voto. Bueno, esto fue lo que hizo el vicepresidente Julio Cobos, y sin embargo por eso mismo, por ser un traidor, se lo magnifica como figura pública. Y así, un personaje político de la más “notoria intrascendencia” comienza a ser candidateado para las elecciones del 2011 por amplios sectores a partir de un hecho que lo tendría que haber condenado al más oscuro ostracismo. Si esto ocurriera, no sería la primera vez que un fragrante traidor ocupe el sillón presidencial. Por citar sólo un caso, nos encontramos con el político mitrista Manuel Quintana, quien antes de presidente de la Nación fue defensor de los intereses económicos del Imperio Británico y en resguardo de los cuales amenazó con bombardear la ciudad de Rosario en 1876. Ni fue aquella la primera traición, ni esta será la última.
Lo preocupante es ver con total impotencia cómo se elogia la traición y se la confunde con democracia y republicanismo. Porque qué será que en nuestra Democracia y nuestra República la traición a los intereses y a la voluntad del pueblo más humilde pueden convertirse en el trampolín para una carrera presidencial. Roma no pagaba a traidores, quiera Dios que la Argentina tampoco. FA/ N&P: El Correo-e del autor es Nano nanofortinero@yahoo.com.ar
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domingo 20 de julio de 2008
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